Llama la atención que luego de que un proceso judicial determinara la responsabilidad penal de Emilio Palacio en el delito de injurias calumniosas por su artículo de opinión titulado ‘No a las Mentiras’, usted insista en decir que Emilio Palacio cuestiona la interpretación presidencial de los hechos del 30 de septiembre del 2010. Con relación a su artículo escrito en Diario El Universo el pasado 31 de julio bajo el título ‘¿Quién ordenó disparar?’, me permito aclararle que Palacio no hizo ninguna advertencia, se ha demostrado hasta la saciedad que el ex editor de opinión injurió a Rafael Correa, como ciudadano, lesionando su honor y dignidad, no solo personal, sino pública.
En el artículo de su columna dominical usted relata los hechos de forma aislada, minimizando en apariencia, eventos que demostraron que el pasado 30 de septiembre se intentó acabar con la vida del Presidente de todos los ecuatorianos. La cronología de su editorial es inexacta y pretende insistir en una teoría defendida por Palacio, por cierto, sin ninguna prueba ni sustento. Los editoriales construyen opinión pública, por lo tanto, lo que se relata siempre debe ser validado.
Por ello me permito hacer las siguientes precisiones con relación a las inquietudes planteadas por usted en su artículo:
1. El 30 de septiembre de 2010, al enterarse de una sublevación de policías, el Presidente Rafael Correa fue personalmente a dialogar con las tropas para explicarles que estaban siendo mal informadas. Sin embargo, un grupo de policías, posiblemente vinculados a golpistas, respondieron con insultos, proclamaron loas a un político de oposición y amenazaron de muerte al Presidente. Llegada la tarde, la gran mayoría de policías del resto del país supo que había sido engañada por un minúsculo grupo y, poco a poco, retomó sus funciones de dar protección a los ciudadanos, quienes habían quedado indefensos por culpa de unos pocos irresponsables y antipatriotas amotinados.
2. Emilio Palacio en su artículo ‘No a las Mentiras’ (el cual motivó el juicio) acusó al Presidente de “haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente”, imputándole “crímenes de lesa humanidad”. Palacio nunca ha presentado pruebas para realizar tan graves acusaciones. Tampoco aceptó retractarse inmediatamente como lo habría hecho un periodista responsable.
3. Por los primeros informes de inteligencia se constató que había policías detractores camuflados, listos para arremeter contra el Jefe de Estado. De esto, incluso, se recabó grabaciones en las que se escuchaba claramente las intenciones de acabar con la vida del Primer Mandatario. Esto lo puede comprobar revisando la página 3 del Informe de las Fuerzas Armadas, que le adjunto para que lo estudie con detenimiento y no se quede únicamente con una versión de los hechos.
4. La “calle de honor” de la cual usted habla en su artículo, no fue más que una emboscada, como demuestra el Informe de las FF.AA., textualmente: “En el instante de llegar a la salida que conduce al parqueadero, personal del GOE piden salir primero, manifestando presuntamente su comandante indicando a viva voz que existía gran personal de la policía ubicados en el sector de la Avenida Occidental y que estaban esperando la salida del personal militar para emboscarlos”. Cuando el Presidente es trasladado al vehículo “se produjeron varios disparos” que provocaron “repliegue y confusión en el personal policial…” (p. 5 del Informe de las FF.AA.).
5. Es verdad, como usted afirma, que el Presidente se comunicó desde el Hospital, pero la violencia desplegada por los miembros de la Policía Nacional, dista mucho de una simple rebelión, estuve ahí a diferencia suya y del señor Palacio.
6. Sobre su inquietud, ¿Quién dispuso disparar?, le sugiero leer de forma objetiva el Informe adjunto, a fin de que pueda esclarecer dudas acerca de hechos que están bastante claros.
Esperando que sus inquietudes hayan sido absueltas, suscribo.
Fernando Alvarado Espinel

